Hace un tiempo, estando junto a unos niños muy pequeños que jugaban a las escondidas, vi a uno de ellos pararse en un lugar cualquiera y cerrar los ojos para esconderse. Como si al cerrar los ojos el mundo desapareciera por un momento junto con cualquier otro niño que pudiera pillarlo. Creo que a fuerza de ser descubierto reiteradamente en su escondite, terminó cambiando su táctica en el juego.
Es algo que siempre recuerdo, porque me pareció muy tierno cuando lo vi. Pero el pensamiento mágico es tierno solamente en los niños, porque cuando crecemos, jugamos con cosas distintas que no desaparecen cuando cerramos los ojos o miramos para otro lado, y al hacerlo, confiados en la creencia de que han desaparecido, esas cosas se van juntando, fuera de nuestra vista pero van creciendo, van acumulándose...
Hasta que vuelven y nos encuentran.
Creo que es hora de cambiar nuestra táctica en el juego.



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